242.-Jesús pide al Padre que nos consagre en la
verdad
“Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha llegado la hora; glorifica
a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has
dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado.
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que
tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo
la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti,
con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu
Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú
me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me
has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a
ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de
ti, y han creído que tú me has enviado. Por ellos ruego; no ruego por el mundo,
sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo
lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo,
pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre
a los que me has dado, para que sean uno como nosotros”. (san Juan 17, 1-11)
Reflexión:
Reflexión:
Si alguna vez hemos dirigido a Dios
una oración mientras pasábamos por un momento poco deseable, ¿cómo ha sido ese
momento de unión con Dios? ¿Qué le hemos pedido, qué le hemos dicho? Lo más
cierto es que hemos dejado desahogar nuestra alma contando a Cristo las penas
que atravesábamos en ese momento.
En este Evangelio, Cristo nos enseña a orar con el alma cargada de temor, de miedo, de pena. Y hoy también Cristo nos dice cuánto se preocupa por nosotros. Que un hombre deje de lado sus sufrimientos y preste mayor atención a otras angustias que no son las suyas, o una de dos: o es un loco que busca fastidiarse la vida con masoquismos o ama vehementemente a los demás. Quien no ha sufrido por una persona ni la conoce ni la ama. Sin embargo, Cristo no se cansa de probarnos su amor. Porque sufrió por nosotros nos ama.
La respuesta más humana de nuestra parte debería de ser la de la gratitud. La de nuestra correspondencia a su amistad. Sufriendo un poco Él u ofreciendo el sufrimiento que ya padecemos.
En este Evangelio, Cristo nos enseña a orar con el alma cargada de temor, de miedo, de pena. Y hoy también Cristo nos dice cuánto se preocupa por nosotros. Que un hombre deje de lado sus sufrimientos y preste mayor atención a otras angustias que no son las suyas, o una de dos: o es un loco que busca fastidiarse la vida con masoquismos o ama vehementemente a los demás. Quien no ha sufrido por una persona ni la conoce ni la ama. Sin embargo, Cristo no se cansa de probarnos su amor. Porque sufrió por nosotros nos ama.
La respuesta más humana de nuestra parte debería de ser la de la gratitud. La de nuestra correspondencia a su amistad. Sufriendo un poco Él u ofreciendo el sufrimiento que ya padecemos.
Pero también le agradecemos lo que
hace por nosotros, y lo hacemos guardando los mandamientos pero sobre todo
custodiando el distintivo que caracteriza a todo cristiano. La caridad. Si
Cristo pidió algo ardientemente a su Padre fue precisamente la unidad.
"Cuida en tu nombre a los que me has dado para que sean uno" Unidad
en la familia, en el trabajo. Unidad en cualquier grupo social en el que nos
encontremos. Es así como podríamos consolar a Jesús y como podríamos agradecer
lo mucho que se preocupa por nosotros.
Propósito
Propósito
Para agradecerle a Dios su amor, aceptaré con alegría y confianza las
dificultades de este día.
Diálogo con Cristo
Diálogo con Cristo
Permite,
Señor, que esta oración, en la que doy gloria a tu
presencia en mi vida, sea mi punto de partida para tener siempre esa sed de
orar que me lleve a la convivencia plena y diaria contigo y con mis hermanos.
__________________________
Fuente: Catholic.net (adaptado)
__________________________
Fuente: Catholic.net (adaptado)
243.- “La Biblia no
esconde nada”
“La palabra de Dios es viva y eficaz, y más
cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el
espíritu... y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”
Hebreos 4:12
“Tú eres Dios, y tus palabras son verdad.”
2 Samuel 7:28
REFLEXIÓN:
Nos gusta escuchar cosas
agradables, y la verdad sobre ciertos temas considerados sensibles a menudo es
adulterada o disimulada.
La historia sobre múltiples
personajes célebres a veces está basada en indicios poco objetivos. Por
ejemplo, en el antiguo Egipto no se relataban las guerras perdidas; solo se
inscribía aquello que era gratificante o elogioso para el faraón de la época.
En la Biblia no sucede lo mismo.
Desde Moisés hasta el apóstol Pablo, pasando
por muchas otras personas, las debilidades y los pecados de todos son
revelados. Dios no nos los esconde.
Sus siervos, dirigidos por el Espíritu Santo
(2 Pedro 1:21), hablaron de todos los aspectos de la vida sin maquillarlos: el
mal, el bien, la sexualidad, el matrimonio, la vejez, el trabajo, la guerra, la
paz, etc.
La Palabra de Dios es viva; en todo tiempo
cada uno puede reconocer que Dios le habla personalmente.
La Biblia proyecta una gran luz sobre
nuestros pensamientos, nuestra conducta y nuestros objetivos. Contrasta el bien
y el mal.
Aún más, transforma la vida de
todo el que la recibe con fe.
Millones de hombres, mujeres,
niños, jóvenes y ancianos pueden dar testimonio de ello y afirmar que la
Palabra de Dios cambió sus vidas. La Biblia declara con toda claridad que soy
pecador ante el Dios santo y justo, pero al mismo tiempo me muestra el amor de
Jesucristo, su Hijo, quien murió por mis transgresiones y resucitó para mi
justificación (Romanos 4:25).
(Tomado y adaptado de:”La Buena
Semilla”,)
No hay comentarios:
Publicar un comentario