miércoles, 19 de agosto de 2020

 

259.-¿Sabemos orar?

 

…”Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique, y por el poder que le diste sobre toda la humanidad, dé la vida eterna a cuantos le has confiado. La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.

Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame en ti con la gloria que tenía, antes de que el mundo existiera.

He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tú me los diste. Ellos han cumplido tu palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste; ellos las han recibido y ahora reconocen que yo salí de ti y creen que tú me has enviado.

Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por éstos, que tú me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo”.( san Juan 17, 1-11ª)

 

REFLEXIÓN:

 

“En más de una ocasión nos hemos preguntado dónde apoyamos nuestra vida, cuál es la fuente de nuestra energía, la que nos permite vivir, con fe y esperanza, las alegrías y tristezas cotidianas.

Y Jesús nos da la respuesta: la oración.

 Una oración confiada y de íntima relación con el Padre misericordioso. Si nos fijamos bien en el pasaje del evangelio, Jesús:

1. Ora por sí mismo, pero no pidiendo cosas banales o ególatras para sí, sino la fuerza y la capacidad para llevar adelante la voluntad del Padre y así dar gloria a su nombre. Es una oración de fe y confianza en el poder de Dios.

2. Ora por los discípulos, pues sabe de sus debilidades, así como las dificultades que les esperan en su misión evangelizadora. Y si cuentan con la protección del Padre, a través de su Espíritu, incluso las dificultades servirán para “anunciar el Evangelio de la gracia de Dios”. Prueba de esto es el testimonio que da Pablo en la primera lectura de hoy.

3. Ora por toda la Iglesia apostólica, para que viva en la unidad del amor, según su “mandamiento nuevo”. Pidamos, pues, a Jesús que nos ayude a entrar en relación confiada y amorosa con Dios a través de la oración; aprendamos a orar con Él y por Él al Padre pidiendo por nuestras necesidades y las del mundo entero, para que todos crean en Él y, creyendo, seamos verdaderamente “gloria suya”.

Camino: ¿Sabemos orar? ¿Con qué frecuencia lo hacemos? ¿Por qué o quién pedimos?

ORACIÓN: “ Señor Jesús: te agradecemos por habernos hecho conocer al Padre y encontrar en Él la vida eterna; danos la alegría de participar en tu gloria. “Amén.”

260.- Tres objetivos

“Qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia (bondad), y humillarte ante tu Dios.”

(Miqueas 6:8)

REFLEXIÓN:

Dios conoce las disposiciones interiores de cada uno de nosotros. A través del profeta Miqueas nos indica tres maneras de orientar nuestra vida para agradarle.

–HACER  JUSTICICIA:

Significa ser recto en nuestras palabras, actitudes y relaciones con los demás. Esta rectitud se nota rápido en un mundo impregnado de mentira e hipocresía. Es la base de todo testimonio cristiano. Muestra uno de los caracteres de Dios.

–AMAR MISERICORDIA:

“De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos” (Salmo 90:14).

Dios es la fuente de la misericordia, de la bondad, y Jesús es su perfecta expresión. Esa bondad nos conduce a buscar el bien de los que nos rodean y a responder a sus necesidades espirituales, afectivas o materiales, sin dejarnos desanimar por la indiferencia o el menosprecio.

–HUMILLARTE ANTE TU DIOS (o “andar humildemente con tu Dios”):

Los dos primeros puntos conciernen a nuestras relaciones con nuestros semejantes, y este último a nuestra actitud hacia Dios.

 Él es nuestro Creador, nuestro Dios Salvador.

Él es quien nos sostiene en nuestra vida cristiana.

 Si reconocemos que absolutamente todo lo debemos a Dios, permanecemos humildes ante él y contamos con su ayuda para hacer su voluntad cada día.

Solo hubo Uno que respondió perfectamente a lo que Dios esperaba del hombre, Jesús nuestro Señor. Dios le dijo desde el cielo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Marcos 1:11).

¡Él desea que lo sigamos y lo imitemos!

 

Así sea                      

( Tomado y adaptado de “La Buena Semila”)

 

261 .- Purificar, orar, perdonar

“Después de haber sido aclamado por la multitud, Jesús entró en Jerusalén, fue al templo y miró todo lo que en él sucedía; pero como ya era tarde, se marchó a Betania con los Doce.

Al día siguiente, cuando salieron de Betania, sintió hambre. Viendo a lo lejos una higuera con hojas, Jesús se acercó a ver si encontraba higos; pero al llegar, sólo encontró hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces le dijo a la higuera: “Que nunca jamás coma nadie frutos de ti”. Y sus discípulos lo estaban oyendo.

Cuando llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a arrojar de ahí a los que vendían y compraban; volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas; y no dejaba que nadie cruzara por el templo cargando cosas. Luego se puso a enseñar a la gente, diciéndoles: “¿Acaso no está escrito: ‘Mi casa es casa de oración para todos los pueblos’? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones”. Los sumos sacerdotes y los escribas se enteraron de esto y buscaban la forma de matarlo; pero le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de sus enseñanzas. Cuando atardeció, Jesús y los suyos salieron de la ciudad.

A la mañana siguiente, cuando pasaban junto a la higuera, vieron que estaba seca hasta la raíz. Pedro cayó en la cuenta y le dijo a Jesús: “Maestro, mira: la higuera que maldijiste se secó”.

Jesús les dijo entonces: “Tengan fe en Dios; les aseguro que si uno le dice a ese monte: ‘Quítate de ahí y arrójate al mar’, sin dudar en su corazón y creyendo que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso les digo: cualquier cosa que pidan en la oración, crean ustedes que ya se la han concedido, y la obtendrán. Y cuando se pongan a orar, perdonen lo que tengan contra otros, para que también el Padre, que está en el cielo, les perdone a ustedes sus ofensas; porque si ustedes no perdonan tampoco el Padre, que está en el cielo, les perdonará a ustedes sus ofensas”. (.-san Marcos 11, 11-26)

REFLEXIÓN:

Está cerca el final de todo (lo viejo)”. Se impone, pues, la preparación para el encuentro con el Señor mediante la oración y la conversión, que se hace real y auténtico en el culto verdadero, fe firme en Dios, perdón y servicio fraterno, como frutos de amor.

Los gestos de la “maldición de la higuera” y la “expulsión de los mercaderes del templo”, que realiza Jesús, nos alertan de la urgencia de dar frutos, aunque parezca que “no es tiempo”, pues a Dios no le agrada la frondosidad de hojas de una piedad vacía o de rezos rutinarios estériles, sino la fecundidad de obras de fe y amor que hagan visible la presencia del Reino. Y para esto es necesario, primero, purificar el culto (templo), alejando de nosotros la tentación de utilizar a Dios, la religión, los sacramentos… con fines mercantilistas, comerciales, utilitaristas...; segundo, fortalecer la fe en Dios a través de la oración; y, finalmente, aprender a perdonar las ofensas recibidas, para que Dios nos perdone. Si practicamos estas acciones, no sólo tendremos la seguridad de que nuestro Padre nos escucha y nos concede lo que le pedimos con humildad y confianza, sino que estaremos capacitados para dar abundantes frutos de amor en la familia, en el trabajo, en el ministerio santo… en todas las circunstancias favorables y adversas, permaneciendo alegres cuando compartimos los sufrimientos de Cristo, para que cuando se manifieste su gloria, rebosemos de gozo.

Camino: ¿Acostumbro a poner como telón de fondo de mis decisiones y acciones el destino trascendente que espero? ¿Cómo estoy administrando la gracia de Dios?

Vida: Señor Jesús: tú quieres que recuperemos la pureza original de nuestras tradiciones religiosas; ayúdanos a discernir las decisiones para lograr este fin. 

Amén.
 

(Tomado y adaptado de :”Pan de la Palabra”)

 

262.-“La oración es una relación permanente”

 

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar.”

Lucas 11:1

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”

1 Tesalonicenses 5:16-18

REFLEXIÓN:

 

Jesús estaba orando. Los discípulos lo observaron y luego le dijeron: “Señor, enséñanos a orar”. Como respuesta, Jesús les dio un modelo de oración, llamada el «Padre nuestro».

En sus primeras palabras, esta oración reconoce a Dios como Padre, aquel que nos dio la vida y cuida de nosotros. Luego viene el deseo de que Dios tenga el lugar de honor, por encima de todo, en nuestros pensamientos y en nuestro corazón: “Santificado sea tu nombre”.

Solo después vienen las peticiones. Esto nos muestra que la oración no se reduce a hacer peticiones a Dios. Es más bien la expresión de la relación de una persona con Dios.

La comunicación con Dios tiene lugar en dos sentidos: nosotros le hablamos y él nos habla. Para escucharlo, nuestro corazón y espíritu tienen que estar atentos. Dios nos habla a través de la Biblia y a veces mediante las circunstancias de nuestra vida. También puede enviarnos a alguien o emplear acontecimientos...

Dios es espíritu, por lo tanto solo podemos percibirlo espiritualmente (1 Corintios 2:14). Gracias al Espíritu Santo comprendemos cuál es la voluntad de Dios y formulamos oraciones conformes a ella. Podemos estar seguros de que Él comprende cada uno de nuestros pensamientos, nuestros deseos y las necesidades de nuestro corazón. ¡Quiere que cada una de nuestras meditaciones se transforme en alabanza y cada uno de nuestros deseos en oración!

 

 

 

Tomado y adaptado de: “La Buena Semilla”

 

263.-“ La oración”

 

El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?... El Señor conoce los pensamientos de los hombres.

Salmo 94:9, 11

Me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.

Salmo 66:19-20

 

REFLEXIÓN:

 

La oración no es la repetición de frases aprendidas de memoria, que nos darían cierto mérito a los ojos de Dios.

 

La oración tampoco es un medio mágico para ganar los exámenes, triunfar en los negocios o tener una garantía contra todo riesgo.

 

Tampoco es una especie de escapatoria para los débiles que tratan de huir, o para los que no saben asumir sus responsabilidades.

 

La oración no debe ser el último recurso cuando todos los demás fracasan, o en caso de dificultad mayor.

La oración es una conversación entre dos personas que existen realmente, entre un ser humano y una persona divina. Es sencillamente hablar con Dios como lo hace un niño con su padre, o hablar con Jesús, quien vino a tomar nuestra condición humana. Es exponerle nuestras preocupaciones, nuestras tristezas y alegrías, nuestros proyectos, y también darle gracias. Es tener la seguridad de que nos escucha, de que nos responderá y nos dará lo que es bueno para quienes se dirigen a él.

 

Así como nos habla por medio de su Palabra, la Biblia, también desea que nosotros le hablemos mediante la oración, de forma sencilla, con nuestras palabras, que son la expresión de un corazón sincero y confiado. “Dios es amor” (1 Juan 4:8), y el hecho de que nos escuche es la prueba de ello.

Alguien dijo que orar, en cierto sentido, es tener una puerta abierta al cielo.

 

 

 

Tomado y adaptado de :“La Buena Semilla”

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

domingo, 26 de enero de 2020


258.-“La confianza”

“Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos.”
Salmo 31:14-15
“Al que espera en el Señor, le rodea la misericordia.”
Salmo 32:10
“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

REFLEXIONES:

Breve relato:
Durante el descanso me encontré con mis compañeros de trabajo.
–¡Buenos días a todos!, les dije.
–¡Parece que tienes algo que decirnos!
–Hace dos semanas unos exámenes médicos permitieron diagnosticar un cáncer. Tuve que empezar un tratamiento fuerte. Debo dejarlos al menos durante unos meses.
–¡Pero pareces perfectamente sano!
–Uno de los médicos me dijo: ¿Sabe que atrapó algo muy malo? Pienso que es una forma de ver las cosas, pero existe otra. Dios permitió esto en mi vida. Él me ama y quiere enseñarme algo importante que no se encuentra ni en los libros ni en Internet.
Todos estaban emocionados... Y agregué:
–Es cierto, es un golpe duro, pero Dios me va a ayudar. Él es el gran Médico.
El Señor me dio la fuerza para hablar a mis compañeros, pero luego pensé en esa conversación: ¿Soy inconsciente? ¿O fanfarrón? ¿O un anticuado que mezcla a Dios con la medicina? No, Dios es todopoderoso y soberano. Él decide lo que quiere y nadie puede pedirle cuentas.”

“En su amor dio a Jesús, quien murió por mí en la cruz. Dios me perdonó y me hizo su hijo.
También pienso en las mil bondades del Señor que he experimentado. No sé cuál será mi futuro, pero sé que mi Señor es fiel y me acompañará cada día, y que también animará a mis familiares.”

257.-¡Hoy No puedes olvidar Agradecer!

 La Gratitud es riqueza,la queja es pobreza.”






“Hoy es el mejor día para decir Gracias Dios.”




Ni se mostraron agradecidos con la casa de Jerobaal, el cual es Gedeón, conforme a todo el bien que él había hecho a Israel.” (Jueces 8:35)
“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”. (Col 3:15)






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REFLEXIONES:
Seamos agradecidos de que todavía no tenemos todo lo que deseamos; si así fuese, ¿qué nos motivaría a seguir adelante?
Seamos agradecidos cuando no sabemos algo porque nos da la oportunidad de aprender.
Seamos agradecidos por los tiempos difíciles ya que en medio de ellos, crecemos.
Seamos agradecidos por nuestras limitaciones ya que nos dan oportunidad de mejorar.
Seamos agradecidos por cada nuevo desafío porque edifica nuestro carácter y nos fortalece.
Seamos agradecidos por nuestros errores ya que nos enseñan valiosas lecciones.
Seamos agradecidos cuando estemos cansados y desgastados porque significa que hemos hecho una diferencia.
Es fácil estar agradecidos por las cosas buenas. Una vida de ricos logros sólo alcanza a quienes también son agradecidos por los reveses.
La gratitud puede tornar algo negativo en algo positivo. Hallemos la manera de estar agradecidos por nuestras dificultades y se convertirán en nuestras bendiciones.

Perder el agradecimiento en la vida, es perder el fuego que puede encender nuestro espíritu hacia las cosas más bellas y únicas.
·         256.-El amor ante el odio

(Jesús dijo:) “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian”.
Lucas 6:27-28
No aborrecerás a tu hermano en tu corazón, razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.
Levítico 19:17
REFLEXIONES:
«El odio es el primer enemigo del amor, y también el más visible. El odio endurece el corazón. Se aferra a nuestro sufrimiento y a nuestro enojo de tal manera que el otro es rechazado como inhumano. El odio desfigura nuestra mente. Nunca caiga en la tentación de volverse amargo».
Martin Luther King
«Si pudiésemos leer la historia secreta de nuestros enemigos, encontraríamos suficiente tristeza y sufrimiento como para desarmar toda nuestra hostilidad».
H. W. Longfellow
Jesús nos pide más que dejar simplemente nuestra hostilidad. Nos dice que amemos a nuestros enemigos, que oremos por ellos, que los perdonemos. Pero, ¿dónde podemos encontrar la fuerza para ello? Creyendo en Jesús. Todo hombre que ha nacido de nuevo posee la vida divina y la capacidad de imitar a su modelo, Jesús. Él no solo nos enseñó a amar a nuestros enemigos, sino que él mismo nos dio el ejemplo perfecto, sobre todo en el momento en que, crucificado, oró por sus verdugos.
Jesús no nos invita a amar de manera pasiva, dejándonos maltratar sin decir nada. Confrontar a nuestro prójimo puede formar parte del amor que le debemos. Durante el juicio de Jesús, uno de los guardias le golpeó la cara; Jesús no reaccionó con violencia, sino que puso al guardia ante su propia responsabilidad: “Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?” (Juan 18:23). Esta actitud probaba que Jesús lo amaba. ¡Hoy nos invita a tener un amor como el suyo!

Tomado y adaptado de : “La Buena Semilla”

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martes, 27 de agosto de 2019

BIENVENIDOS.-INVITACIÓN

SALUDOS...Invito a que me acompañen a construir este esfuerzo con el ùnico objetivo de contribuir al engrandecimiento de nuestra cultura y a disfrutar de momentos especiales en el deleite de la lectura. Tomaremos en cuenta vuestro esfuerzo que demostrarà que no tenemos ninguna mezquindad para transmitir o para colaborar en la obtenciòn de literatura y/o cualquiera informaciòn propicia a la REFLEXION.Muchas gracias..EL EDITOR

253.-El mimetismo..254,-Lo que no queremos entender: “No hay paz sin Dios”.-255.-¿De dónde viene nuestro valor?


253.-El mimetismo

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”
(Mateo 7:13-14)
REFLEXIÓN:
Esta facultad es muy conocida en el mundo animal, donde ciertas especies tienen la capacidad de mimetizarse en su entorno, sobre todo para escapar de sus predadores. El camaleón puede cambiar de color, algunas mariposas modifican su forma para disimularse en su entorno.
También existe un mimetismo del comportamiento, una tendencia a reproducir una manera de ser. Este deseo natural de no querer ser diferentes, sino al contrario, de preferir fusionarse en un colectivo, es particularmente visible entre los hombres, cuando hay un partido, una manifestación política...
Ese mimetismo también existe en el plano espiritual: hace pocos años, muchas personas frecuentaban los servicios religiosos para «ser como todo el mundo». Ahora los que acuden a un lugar de culto a menudo son pocos y a veces son discriminados.

En este versículo, la Biblia nos advierte sobre los peligros de la imitación de la mayoría. En ello hay una aparente seguridad y alguna facilidad, ¿pero a dónde nos conduce? No tengamos miedo de rechazar las formas de pensar de nuestros contemporáneos y los objetivos que persiguen; no temamos ser diferentes. Cristo nos invita a seguirle solo a él; él dijo: “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11). La “puerta” del Evangelio puede parecer más estrecha hoy que ayer, pero todavía conduce a la vida. Lo que cuenta es obedecer lo que Dios nos dice en su Palabra.


254,-Lo que no queremos entender: “No hay paz sin Dios”

“En los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos... desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural... crueles, aborrecedores de lo bueno.”
(2 Timoteo 3:1-3)
“Mas ya habéis sido lavados... santificados... justificados en el nombre del Señor Jesús.”
(1 Corintios 6:11)

REFLEXIÖN:                                                                                                                              
 El siglo 18 fue llamado el «siglo de las luces». La revolución francesa es considerada como la culminación de esta época marcada por corrientes de pensamientos opuestos a la idea de un Dios vivo que interviene en la vida de los hombres. ¿Qué sucede ahora? Nuestra sociedad trata, hoy más que nunca, de borrar toda referencia al cristianismo. Rechaza a Dios pero conserva una total confianza en la razón humana para resolver los problemas.
 Sin embargo, después de muchos decenios, el balance de este modo de pensamiento que pretendía traer la libertad es muy negativo: delincuencia, violencia, confusión aumentan constantemente. ¿Y qué decir de las guerras en este mundo? ¡La paz está muy lejos! Ahora bien, desde el primer siglo el apóstol Pablo anunció que las cosas “irán de mal en peor” (2 Timoteo 3:13).
 Dios no propone mejorar la sociedad. Sin embargo no abandona al hombre, dejándolo sin guía. Conoce sus necesidades, sus sufrimientos y sus dudas. Dios ama a todos los hombres y desea que todos “sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

Se reveló por medio de Jesucristo, su Hijo, quien vino para acercarse al hombre a fin de liberarlo de las tinieblas morales y de la muerte. Jesús dio su vida por pecadores perdidos y alejados de él.
Mediante su sacrificio, ofrece a todos los que creen en él un sentido a la vida presente y un futuro más allá de la muerte: la vida eterna.
 (Tomado y adaptado de : “La Buena Semilla”)

255.-¿De dónde viene nuestro valor?

"No temas... yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú... a mis ojos fuiste de gran estima... y yo te amé.”
(Isaías 43:1,4)
REFLEXIÓN:               
El director de una clínica psiquiátrica, en Alemania, denuncia unas treinta ideas falsas que creemos ser ciertas y que, en cierta medida, condicionan nuestras decisiones.
 Una de ellas concierne a nuestra capacidad y al éxito.
 «Mucha gente, escribe, cree que su valor depende de sus capacidades en uno u otro ámbito. Cuando tienen que enfrentarse al fracaso, pueden llegar hasta el suicidio».
 Desde el punto de vista económico, decir que el valor de una persona depende únicamente de sus capacidades en el trabajo puede parecer pertinente. Pero es dejar de lado otras cualidades como la sinceridad, el dominio propio, la honestidad, la humildad, etc. ¡Todos estos aspectos también participan en el éxito tanto individual como colectivo!

Sea como fuere, el mensaje de la Biblia es completamente diferente. Nos dice que nuestro valor no proviene de lo que hacemos, sino que nos es dado por Dios. Somos valiosos ante sus ojos porque él nos ama.
Nos ama tanto que dio a su Hijo unigénito para salvarnos. Y si aceptamos ese don de Dios, si creemos en el Señor Jesús, somos adoptados por Dios. Nuestro valor no viene de nuestras capacidades, de nuestras cualidades naturales, sino del hecho de ser hijos e hijas del Dios de amor.
 Nuestra dignidad no está basada en la mirada del prójimo, sino en el hecho misterioso y extraordinario de haber sido amados, creados y redimidos por Dios.
 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo... en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (Efesios 1:3, 5).
 Tomado y adaptado de “La Buena Semilla”

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