248.-Buenos días,
¿cómo está?
“He aprendido a
contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener
abundancia... estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre...
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
(Filipenses 4:11-13)
REFLEXION:
Cuando hacemos esta pregunta trivial, recibimos
respuestas muy variadas:
–¡Muy bien, con este hermoso
tiempo!
–¡Estupendamente, estoy de
vacaciones!
–¡Fenomenal, acabo de aprobar el
examen!
–¿Cómo quiere que esté, con este
día tan lluvioso?
–El lunes por la mañana siempre
estoy desanimado, pero estaré mejor el viernes.
–¡Me siento mal, tengo una
migraña!
Estas respuestas demuestran que
nuestro estado de ánimo depende de las circunstancias. Todo el mundo está de
mejor humor cuando el sol brilla. La mayoría de nosotros espera con impaciencia
el fin de semana para poder descansar. ¿No es posible, pues, ser feliz incluso
un lluvioso lunes en la mañana, o un día cualquiera, sin un acontecimiento
particular que nos alegre?
Escuchemos a un hombre feliz, a
Pablo, quien escribió desde una cárcel romana: “He aprendido a contentarme,
cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11). ¿Cuál era el secreto que
permitía al apóstol expresarse así? Se resume en una frase: “Para mí
el vivir es Cristo” (Filipenses
1:21).
Cristianos, tenemos una razón
para vivir felices, un Salvador que puede iluminar nuestros días más
ordinarios.
Nos amó hasta dar su vida por
nosotros. Nada ni nadie puede separarnos de su amor (Romanos 8:35).
Pronto estaremos con El para
siempre (Juan 14:3).
Pidámosle que nos enseñe esta gran lección
conocida por Pablo:
“He
aprendido a contentarme”.
249.-Orar en el nombre de Jesús
(Jesús dijo:) “Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo
haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”.
Juan 14:13
Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa
conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera
cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.
1 Juan 5:14-15
REFLEXIÓN
El Señor enseñó a sus discípulos a orar al Padre en
su “nombre”. ¿Qué significa esto? Por supuesto, no significa decir: «en el
nombre de Jesús», como una fórmula de cortesía escrita al final de una carta.
Tampoco es una fórmula mágica que obligaría a Dios
a respondernos.
Lo que cuenta no
son las palabras, sino el pensamiento y la fe con las cuales las pronunciamos.
Pedir en el nombre del Señor significa hacer
peticiones siendo conscientes de que él mismo podría formularlas, que son según
su voluntad.
Su “nombre” designa su persona, lo que él es
verdaderamente. Por ello, orar en el nombre de Cristo significa orar deseando
estar de acuerdo con él.
Una oración no tendría que acabar con las palabras
«en el nombre de Jesús» o algo equivalente, si no es expresada con el deseo,
del que ora, de ser sometido al Señor.
Debemos orar “para que el Padre sea glorificado en
el Hijo”. ¡La gloria de Dios!, poderoso motivo para guiar nuestras peticiones.
Así se evitarán ciertas oraciones egoístas o superficiales.
No hay
límite para los temas de oración, pero tratemos de expresarlos bajo la mirada
del Señor, con toda sinceridad. ¡Así es como la oración expresa nuestra
confianza, nos renueva, nos tranquiliza!
“Orando en todo
tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda
perseverancia” (Efesios 6:18).
250.-“Los consuelos
del Señor”
(Jesús dijo:) “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador...
No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.”
(Juan 14:16, 18)
REFLEXIÓN:
A veces el cristiano se siente incomprendido y sin
apoyo para resistir a las presiones de la vida. Su corazón, que antes estaba
alegre, de repente se ve oscurecido por un dolor que ni siquiera podría
compartir con un hermano en la fe.
Pero el Señor sigue fiel; sigue siendo el amigo que
“en todo tiempo ama”, y que “es como un hermano en tiempo de angustia”
(Proverbios 17:17).
Muchos amigos pueden olvidarse de nosotros, o
desaparecer, pero el Señor siempre estará con nosotros. Cuida de manera
especial a los suyos que son huérfanos o que pasan por el duelo.
Manifiesta
la más tierna simpatía “al afligido que no tuviere quien le socorra”
(Salmo 72:12).
A menudo, cuando nos vemos privados de lo que más
amamos, hallamos en Jesús una felicidad de una frescura inimaginable. Sus
palabras, al igual que toda la Biblia, se vuelven más valiosas para nosotros, y
comprendemos mejor los pensamientos de Dios y su voluntad para nuestra vida.
El Señor nos da esta promesa: “Como aquel a quien
consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y... tomaréis consuelo”
(Isaías 66:13). ¡Qué hermosa imagen de la fuerza y de la ternura de los
consuelos del Señor!
¡Muchos creyentes no quisieran que sus
circunstancias de vida difíciles cambiasen, si esto tuviese como consecuencia
privarlos de los testimonios de amor y de simpatía del Consolador!
Un cristiano escribió: «Usted sabe desde hace mucho tiempo que es amado, pero la hora de la
aflicción le hará descubrir la profundidad del amor del Señor Jesús».
No hay comentarios:
Publicar un comentario