miércoles, 24 de agosto de 2022
338-La Soledad..(Tema invitado)
338.-La Soledad..(Tema invitado)
Dr. Jorge Martínez Menéndez
El Salvador siendo superpoblado, es un país de gente solitaria, y es válido preguntarnos ¿por qué?, y las respuestas que encontramos es: por individualistas, por egoístas, por faltos de solidaridad, por violentos o por la migración. Esto no solo nos enferma, sino también detiene nuestro desarrollo; la soledad es un problema que necesariamente debemos abordar.
Todo mundo se siente solo alguna o más veces; pero si estos sentimientos negativos persisten, se convierten en un verdadero problema. No es lo mismo estar solo que sentirse solo. Quienes se sienten solos tienden al aislamiento. Se considera que alguien esta solo cuando no establece contacto social con otras personas o bien cuando no le son satisfactorias.
La soledad es una experiencia subjetiva, ya que hay personas que pueden sentirse solas aún estando en compañía de otras y personas que estando solas no sienten la soledad.
La soledad puede generar angustia, depresión, y bajo sentido de la felicidad y el placer; y salvo excepciones, es una experiencia no deseada, deprimente y generadora de ansiedad, angustia y desesperación. Para el solitario la TV, internet y los video- juegos pueden convertirse en una adicción.
Se distinguen dos tipos de soledad: Emocional: ausencia individual de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad. Social: no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones.
La soledad nos incapacita para manifestar sentimientos y opiniones, representando la pérdida de relaciones con personas importantes con las que nos relacionamos de forma regular. Perdida por cause divorcio, muerte, migración, etc.
La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y que se tiende a vincularla con estados de tristeza, desamor y negatividad, obviando los beneficios de una soledad ocasional y deseada, como lo hizo Jesucristo, Mateo 14:13 “Y oyéndolo Jesús, se apartó de allí en un barco a un lugar solitario, apartado”
La soledad puede ser producto de diversas circunstancias:
• La pérdida de un ser querido.
• Soledad social.
• Soledad para meditar.
Pérdida de un ser querido.
Cuando surge la separación en la pareja, el fallecimiento de un ser querido o por un viaje prolongado, nos invade una sensación de soledad, un vacío que nos sume en la tristeza y la desesperanza, lo cual también se siente por la infidelidad de nuestra pareja
Como personas todos necesitamos de los demás, para sentirnos útiles, y no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal.
La pérdida o separación de un ser querido es irreemplazable pero no irreparable. Ese hueco quedará ahí, pero si recorremos cada una de las fases del duelo, que va desde la tristeza hasta la aceptación, y nos proponemos superarlo, podremos reunir fuerzas para establecer nuevas relaciones que cubran la ausencia del ser querido.
Necesitamos intentar que el vacío de esa persona no se convierta en una vida solitaria; la soledad es dolorosa, pero puede convertirse en positiva si la interpretamos como oportunidad para aprender a vivir el dolor sin quedarnos aislados. Quien logra salir del dolor está preparado para disfrutar la plenitud de su vida.
Soledad social.
Una soledad muy común, es la de quien apenas habla con su familia, con sus compañeros de trabajo y con sus vecinos, por temor a que le dañen o le rechacen, y se justifica con planteamientos como "no me entienden", "la gente sólo quiere hacerme daño", "sólo me buscan cuando necesitan algo", "cada vez que confío en alguien, abusan de mi"; sin embargo se siente solo y puede incluso provocar un cuadro de depresión o neurosis.
Cuando la soledad no es buscada puede convertirse en angustia, si bien algunos se acostumbran a vivir solos; ojo, algunos solitarios se revisten de una apariencia de fortaleza, autosuficiencia, agresividad o timidez. Y todo, para esconder la inseguridad y el miedo a no ser queridos, aceptados o respetados.
Hay también otras soledades indeseadas, como los ancianos, amas de casa, homosexuales, o quienes sufren ciertas enfermedades, defectos o incapacidades físicas, o psicológicas. La baja autoestima también es un obstáculo para entablar amistades.
Necesitamos reconocer que somos seres gregarios, sociables por naturaleza, necesitados de establecer una red de amistades con las que podamos compartir nuestros gustos, aficiones, preocupaciones, etc.
No nos aislemos, la soledad nos hace daño. La TV o internet no suplen las relaciones sociales, por el contrario, a veces nos alejan de la gente. Seamos amigables si queremos que los demás sean amigables: Mateo 7:12 “Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos .”
Dando es como se recibe: el Señor Jesús dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” Hechos 20:35
Soledad para meditar.
La soledad es también un momento de reflexión, de hablar con Dios, de conocernos a fondo y de encontrarnos sinceramente con nosotros mismos. Hay un tiempo para comunicarnos con los demás y otro para establecer contacto con lo más profundo de nosotros mismos en el que se necesita de la soledad.
También se hace necesario "hablar" con nuestros miedos, nuestras preocupaciones, nuestros sueños. Es conveniente que en ocasiones busquemos la soledad. Separemos los momentos en que nos expresamos y atendemos a otros, de los que dedicamos a pensar en soledad en nuestras propias “cosas”.
Soledad y psicoterapia.
Sólo en lo últimos años la soledad ha sido considerada como una enfermedad, que requiere de una terapia específica y es frecuente, tanto en la población en general como en personas que presentan algún grado de desajuste en su personalidad. La soledad es causa de depresión, suicidio y graves problemas de salud.
¿Qué la soledad?
Psicológicamente se define como la ausencia, real o percibida, de relaciones sociales satisfactorias, con síntomas de trastornos psicológicos y desadaptación, como ansiedad, depresión, insomnio, abuso de drogas y alcoholismo.
Los crónicamente solos presentan síntomas de depresión, tales como: inactividad, pérdida de energía y pérdida de placer en actividades que para la mayoría resultan agradables. Se sienten aislados, diferentes a los demás; se quejan de que nadie los entiende; que a nadie le importan y se encierran en su habitación conectados a la TV.
Para diagnosticar la soledad es necesario identificar la falta de al menos tres de los elementos siguientes:
1. Una persona que le exprese cariño,
2. Alguien que lo atienda,
3. Un confidente a quien expresar sentimientos íntimos.
4. Un grupo de amigos del cual sentirse parte,
5. Alguien a quien amar,
6. Alguien que lo desee físicamente, sexo en la pareja.
7. Personas con quienes compartir valores e intereses,
8. Amigos para compartir actividades recreativas, cine, playa, deportes, etc.
9. Buenas relaciones laborales o estudiantiles, familiares y vecinales.
10. amigos íntimos en quienes confiar,
11. Intimidad física en forma regular.
Tratamiento
Lo soledad se trata clínicamente como una depresión. El tratamiento por lo general incluye cambios conductuales en la forma de iniciar y profundizar las relaciones sociales, revisando por ejemplo:
I. la cantidad de tiempo que el paciente pasa con sus amistades;
II. la capacidad de la persona para "abrirse" frente a otros, hablando de sus sentimientos y pensamientos íntimos;
III. las muestras de afecto que las personas cercanas otorgan al paciente, para determinar hasta qué punto cada amigo puede ser confiable y cuánto puede depender de ellos, especialmente en los momentos de crisis,
IV. la intimidad física, que incluye la regularidad de estos contactos y la satisfacción física que el paciente obtiene de cada relación.
V. el acercamiento con Dios. El solitario percibe que aun Dios lo abandono.
Tener amistad con Dios es la mejor manera de vencer la soledad. Dios es amor y la mejor terapia es el amor, amar a Dios, a nuestro prójimo y a nosotros mismos; al hacerlo, recibiremos el amor de Dios, de nuestro prójimo y recuperaremos la autoestima.
Si Dios es nuestro amigo, nunca nos sentiremos ni estaremos solos. Romanos 8:39 “Ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Finalizando…. digamos confiadamente: El Señor es mi protector; no temeré mal alguno .” Hebreos 13: 5-6.
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lunes, 8 de agosto de 2022
337.-Orar con confianza y perseverancia
337.-Orar con confianza y perseverancia
Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre.
Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta.
Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre.
Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes,
ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios.
Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre".
(San Juan 16,23b-28.)
Reflexion;
Oremos con mucha confianza. Ella está fundada en la bondad y generosidad infinitas de Dios y en las promesas de Jesucristo. (…)
El deseo más grande que tiene para nosotros el Padre eterno es de comunicarnos las aguas salvadoras de su gracia y misericordia.
Él exclama: “Vengan a beber mis aguas con la oración”.
Cuando no oramos, se lamenta diciendo que lo abandonamos: “Me abandonaron a mí, la fuente de agua viva” (Jer 2,13). Agradamos a Jesucristo cuando le pedimos sus gracias. Si no lo hacemos, se queja con amor: “Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen a la puerta y se les abrirá” (cf. Jn 16,14; Mt7,7; Lc 11,9; Apoc 3,20). Para darnos más confianza al rezar, se ha comprometido con su palabra, afirmando que el Padre eterno nos acordará todo lo que le pediremos en su Nombre.
A nuestra confianza sumemos la perseverancia en la oración. Sólo quien persevere para pedir, buscar y llamar, será el que recibirá, encontrará y entrará.
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336.-LA BÚSQUEDA DEL RESUCITADO
ITADO.-(Domingo de Pascua336.-LA BÚSQUEDA DEL RESUC)
Esta es la Pascua del Señor. Es la solemnidad de las solemnidades. La celebración de la Resurrección del Señor es el centro de la vida cristiana. Esta es la fuente de nuestra fe, el estímulo para nuestra esperanza y el alimento de nuestra caridad. Este es para los cristianos «el primer día de la semana».
Para el pueblo de Israel, la búsqueda de Dios era una categoría fundamental de la fe. Los mejores creyentes son presentados en el Antiguo Testamento como los «buscadores de Dios». Todos ellos deseaban «ver a Dios». Su anhelo los llevaba a peregrinar para encontrarse con Él en el templo.
En el nuevo tiempo de la historia de la salvación, el misterio de la muerte y resurrección de Cristo orienta a sus discípulos de la primera hora y los de todos los tiempos. También ellos han de ser sinceros buscadores de Dios, sabiendo que lo encontrarán en Jesucristo. El evangelio que hoy se proclama nos marca un itinerario de búsqueda del Señor (Jn 20, 1-9).
VER Y CREER
El relato evangélico no es un compendio de verdades abstractas. Nos presenta las actitudes de tres personajes. Son como iconos de un proceso de fe. En ellos reconocemos los primeros pasos de la fe cristiana.
• María Magdalena es movida por sus afectos. No podía aguardar hasta la llegada del nuevo día. Fue al sepulcro cuando aún estaba oscuro. Vio la losa quitada del sepulcro. Pero esa experiencia sólo produce en ella desaliento e inseguridad.
• Pedro recibe el anuncio de Magdalena. El sepulcro de Cristo está vacío. La noticia es alarmante y no deja indiferentes a los discípulos de Jesús. De Pedro se dice que «vio las vendas y el sudario», pero nada más. Se intuye su desconcierto.
• El discípulo amado adelanta a Pedro en la carrera, pero le deja la precedencia. Después entra también él. El texto anota escuetamente que «vio y creyó». Al fin, la ausencia del cuerpo del Señor suscita la fe.
Es evidente que la fe en el Resucitado no nace de la visita al sepulcro sino de la memoria de la palabra del Señor. El sepulcro es el signo de la ausencia. Pero la Escritura indica su presencia.
AUSENCIA Y PRESENCIA
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Ése es el mensaje que María Magdalena trasmite a los discípulos de Jesús. Ése es el principio de la evangelización. Lo que parecía el anuncio de una tragedia es el núcleo de la «buena noticia».
• «Se han llevado del sepulcro al Señor». Efectivamente, Cristo no se encuentra en el sepulcro. El lugar de la muerte no puede contener al Señor de la vida. El sepulcro es sólo un «monumento», es decir un recordatorio.
• «No sabemos dónde lo han puesto». El Jesús de cada día era fácilmente ubicable. Sus amigos y enemigos podían informarse y averiguar dónde estaba. El Cristo resucitado ha de hacerse encontradizo para ser encontrado.
• «Se han llevado del sepulcro al Señor». También hoy, los creyentes vivimos con frecuencia la experiencia de la ausencia de nuestro Maestro. Pensamos que nos lo han arrebatado. Tendremos que preguntarnos si lo buscamos con curiosidad o con fe.
• «No sabemos dónde lo han puesto». También hoy son muchos los que tratan de decirnos que el Señor está aquí o allá.
Pero él nos enseñó a desconfiar de los que intentan amarrarlo a un lugar preciso. La fe es siempre búsqueda y esperanza.
– Señor Jesús, resucitado de entre los muertos, sabemos que estás vivo. Ayúdanos a recordar tu palabra para que los signos que vemos nos lleven a la fe. Amén.
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