viernes, 15 de abril de 2022

334-335.Jesús condenado a muerte (1) Y (2)

334.-Jesús condenado a muerte (1) Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! Juan 19:4-5 Leer Juan 19:1-7 “¡He aquí el hombre!”, declaró Pilato mientras sacaba a Jesús del palacio del gobernador. Para burlarse de él le pusieron un manto real y una corona de espinas. Así fue presentado Jesús ante la multitud. ¿Cómo reaccionó esta ante las palabras de Pilato? Pudo pedir la liberación de Jesús… pero pidió su muerte a grandes gritos. A lo largo de la historia, a menudo se ha hecho de Jesús el símbolo de todas las condenas de inocentes. En efecto, ¡cuántas personas han sufrido y sufren todavía un juicio arbitrario! El Dios justo es muy sensible a las injusticias y no las dejará impunes. Sin embargo, la muerte de Jesús es infinitamente más que una injusticia atroz. Aunque conoció el sufrimiento intenso de la crucifixión, aunque fue sacrificado siendo el único justo, Jesús dio su vida voluntariamente, sin que nadie lo obligara: “Yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:17-18). Era Dios hecho hombre, que se entregó por amor. El profeta Zacarías escribió con respecto al pueblo de Israel: “Mirarán a mí, a quien traspasaron” (Zacarías 12:10), y el apóstol Juan cita estas palabras en su evangelio (Juan 19:37). Es una advertencia para todos los que rechazan a Cristo. Pero, ¡qué gozo para los que lo miran con fe! Contemplan con adoración al hombre justo y perfecto que murió para salvar a los pecadores, a usted y a mí. Lect: Isaías 24-25 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19 335.-Jesús condenado a muerte (2) Acuérdate, oh Señor, de tus piedades y de tus misericordias, que son perpetuas. De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Señor. Salmo 25:6-7 (Leer Lucas 23:39-43) En la colina se veían tres cruces. Jesús fue crucificado entre dos malhechores que, al principio, lo injuriaban. Luego uno de ellos cambió de actitud porque reconoció que Jesús estaba sufriendo un castigo no merecido. ¿Este cambio se produjo debido a la oración de Jesús por sus enemigos? El evangelio no lo dice, pero sí nos cuenta lo que dijo este hombre crucificado que defendió a Jesús, solo contra todos. Escuchaba las burlas, y veía a Jesús reducido, en apariencia, a una impotencia total. Sin embargo, inesperadamente, se dirigió a él con confianza: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (v. 42). Ese crucificado, que iba a morir, tuvo la mirada lúcida de la fe, es decir, discernió en Jesús al rey que iba a volver. La respuesta de Jesús fue inmediata: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (v. 43). En las palabras del Salvador no había ni un atisbo de duda con respecto al futuro del ladrón. El malhechor comprendió que sus pecados no eran una barrera para ir a Jesús. Esta es la fe: creer en el amor de Dios, que dio a su Hijo para expiar todos nuestros pecados. Por amor a los pecadores Jesús aceptó ser castigado y puesto, como este ladrón, en ese lugar de vergüenza y sufrimiento, para salvarlo y abrirle las puertas del paraíso de Dios. Si nuestra conciencia es despertada para reconocer nuestros pecados, nuestros ojos serán abiertos para discernir la grandeza y la belleza moral del Salvador. Isaías 26 – 1 Pedro 2:1-10 – Salmo 44:17-26 – Proverbios 13:20-21 (Tomados y adaptados de Editorial La Buena Semilla) • Mas en nuestros blog http://reflexionando-ed41.blogspot.com/ • http://recetariobiblicoparaelalma.blogspot.com/